Todos nos hemos sentido alguna vez como un perdedor. A veces, nuestras dudas nos impiden crecer y nos hacen pensar que no estamos preparados, que nuestros sueños son demasiado radicales, que nuestro pasado es demasiado malo, que no conocemos a las personas adecuadas o que nuestras posibilidades son demasiado escasas. Pero, por suerte, Dios convierte nuestras debilidades en fortalezas para que podamos alcanzar nuestro máximo potencial. Acompáñenos durante el mes de mayo en nuestra serie «El Dios de los perdedores».

