La luz contra la oscuridad

Mi marido y yo, junto con nuestros hijos, vivimos en Holanda durante cuatro años, dedicándonos al ministerio con la comunidad holandesa-indonesia. Solollevábamos siete meses en Holanda cuando nació nuestro tercer hijo, Teddy.Durante nuestro primer verano en Holanda, hicimos un viaje a Austria para disfrutar de una pequeña escapada.  El país es precioso y las montañas son majestuosas. La verdades que nolo planificamos mucho, sino que simplemente fuimos descubriendo cosas a medida que las encontrábamos durante el viaje. En una de las montañas anunciaban un paseo en telecabina hasta la cima y la oportunidad de explorar una cueva de hielo. 

Las góndolas no son lo mío; no me gustan las alturas.Pero sigo aquí, así que es evidente que fuimos y volvimos sanos y salvos. Compramos las entradas y entramos en la cueva con nuestro guía y otros turistas que hablaban varios idiomas diferentes. Dentro de la cuevaestaba muy oscuro, pero había algunas luces a lo largo del camino, que enseguida empezaba a descender.  Teddy tenía alrededor de un año, así que lo llevaba en brazos. Obviamente, nole gustaba estar dentro de la cueva, ya que empezó a llorar. La gente que iba delante de mí empezó a hacer comentarios. Noentiendo mucho alemán y, en aquel momento, tampoco dominaba demasiado el neerlandés, pero entendí lo suficiente como para darme cuenta de que esas personas hablaban alemán y estaban comentando que una estadounidense loca había metido a un bebé dentro de la cueva de hielo. 

Intenté calmar a Teddy, pero él no dejaba de llorar y los comentarios no cesaban, así que decidí dar media vuelta y regresar.Había suficientes luces a lo largo del camino como para ver por dónde pisar, y finalmente logré llegar a la entrada.¡La puerta de la entrada estaba cerrada con llave! Enseguidame entró el pánico.Empecé a dar golpes en la puerta pensando que alguien de fuera me oiría.  ¡Nada! Notenía ni idea de qué iba a hacer.La entrada era pequeña y no había ningún sitio donde sentarse.Cuando mis continuos golpes no dieron resultado, empecé a mirar a mi alrededor en la penumbra, con un bebé llorando.¡Por fin , en una repisa, vi una llave!Mi alivio fue enorme.  Abrí la puerta con la llave, la volví a dejar en la repisa y bajé al albergue. Encontré un sitio donde sentarme fuera, en el porche cubierto, y consolé a mi hijo, que lloraba. En cuestión de segundos se quedó profundamente dormido. Mi marido y mis dos hijos mayores terminaron la visita y me encontraron sentada allí con Teddy.

En las Escrituras, la oscuridad hace referencia al pecado y a una vida pecaminosa.Se describe como un estado de confusión irremediable, mentes llenas de oscuridad, corazones endurecidos, falta de pudor, un deseo de gratificación personal y una propensión a cometer todo tipo de impurezas.Es como estar en una cueva oscura y helada sin sentido de la orientación.Dios nos ha llamado para salir de la oscuridad y entrar en su luz.De hecho, se nos llama «hijos de la luz».  Por eso nos exhorta a que dejemos que nuestra luz brille para que la gente pueda ver nuestras buenas obras y glorifique a nuestro Padre que está en los cielos. 

Las características de quien camina en la luz son exactamente lo contrario de las de quien camina en la oscuridad.Debemos ser amables, compasivos y perdonarnos unos a otros.1 Pedro 2:9 dice: «Vosotros sois un pueblo elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo que pertenece a Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable».

No hay por qué entrar en pánico como hice yo en aquel pequeño y oscuro vestíbulo.La clave para caminar en la luz está tan cerca como las páginas de nuestra Biblia.Cógela , abre la puerta y adéntrate en su maravillosa luz.

Naomi Brinkman

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