Dalo todo
Salmo 40:1-3 (NVI)
«Dulces himnos de alegría en coro agradecido elevamos,
Que todo nuestro ser alabe Su santo nombre;
Cristo es el Señor,
¡Oh, alabad Su nombre por siempre!
¡Proclamad Su poder y gloria por siempre!
¡Proclamad Su poder y gloria por siempre!»
Mientras atravesaba la mayor dificultad que he vivido, el Señor me reveló el capítulo 40 del Libro de los Salmos. Me sentía en lo más bajo y con el corazón increíblemente apesadumbrado. Esperaba que Él interviniera y mejorara mi vida de forma instantánea. Como habrás adivinado, Él no lo solucionó de esa manera. En cambio, tuve que dar un paso tras otro y atravesar el dolor para llegar a la sanación.
Aunque eso fue hace ocho años, aún son muy pocos los días que pasan sin que dé gracias a Dios por sacarme del fango y del lodo, por poner mis pies sobre una roca y por poner un nuevo canto en mi boca. El viejo canto ya no servía, ni tampoco los detalles de las dificultades. Necesitaba un nuevo canto que entonar para honrar la increíble obra que Dios realizó en mi corazón. Al igual que con cualquier otra canción, ¡no tiene sentido tenerla si no se canta! Si Jesús es tu salvador, Dios te ha dado una canción para cantar, tal y como hizo conmigo. También nos ha puesto a cada uno de nosotros sobre una roca para proclamar esa canción, para darle gloria y para hablar a quienes nos rodean en la vida. No dejes que el miedo a que te tiemble la voz te impida compartir el testimonio que Dios te ha dado, y no dejes que la rutina de la vida cotidiana te impida cantar un coro de agradecimiento.
¿Cuál es la letra de tu canción y cómo puedes cantarla esta semana?
Tranica Quevedo


Me encanta este devocional. Hay cosas por las que estoy pasando ahora mismo y que considero una gran dificultad. Quiero que Dios me sane y me lleve del punto A al B al instante. Ya me he dado cuenta de que Dios no funciona así. En cambio, me aferro a las promesas de su palabra. Hay ciertas cosas que leo en la Biblia que me dan esperanza y, aunque quizá no lleve la felicidad en mi corazón, llevo la alegría.
¡Restáuranos, Señor, como los arroyos del Neguev! ¡Los que siembran entre lágrimas cosecharán con gritos de alegría! El que sale llorando, llevando la semilla para sembrar, volverá a casa con gritos de alegría, trayendo consigo sus gavillas. (Salmo 126:4-6, ESV)
Esta es una canción que me ha llegado al corazón últimamente.